“Santiago 4:13-17 “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”

 ¿Soñamos correctamente? ¿Es la voluntad de Dios esencia de la ecuación de nuestros planes?

Santiago es la revisión de lo cotidiano. Manual práctico. Parecería la transliteración de una conversación común con alguien a quien él aconseja, vehementemente. Va tocando temas que parecerían inconexos, pero que reflejan la cotidianidad del hombre y su afán de vivir por sí mismo.

La cotidianidad práctica de la vida cristiana es el gran tema que une la carta de Santiago.

Soñemos despiertos, pero hagámoslo correctamente.

Santiago hace un llamado a la esencia misma de la fe en la dependencia absoluta de nosotros a Su voluntad, porque arrastramos en nuestras decisiones y planes el germen de la soberbia con que el pecado nos designa en control de nuestra existencia y lo que haremos, cuando la voluntad de Dios no es la base de la ecuación de nuestros planes.

Nos cuestiona en la fragilidad de la vida misma. Alerta en la cotidianidad para saber que nada tenemos bajo control, porque es la voluntad de Dios que define el resultado de nuestros planes.

Nos recuerda que conocemos el bien por hacer que debería ser antídoto de la soberbia. Solución de la jactancia por el futuro que creemos controlar.

¿Somos soberbios soñadores o dependientes de Dios?

 365 Reflexiones…328

Noviembre 24

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