“Santiago 5:1-3 “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros”

 ¿Define tu esperanza la abundancia en la tierra? ¿Dónde está tu tesoro?

Las riquezas que el corazón dibuja en el lienzo de nuestra esperanza, atizan el fuego de nuestra condenación. Riqueza y vida de fe, suelen no ir muy bien de la mano.

El tesoro que en riqueza material se valúa, suele ocupar en la agenda del corazón el espacio y la atención de los asuntos que Dios tiene para la cotidianidad del hombre. Así también, la riqueza material a que aspira quien no la tiene por lo regular es motivo de distracción para la integridad que el carácter cristiano llama.

El horizonte que el inmediatismo define al corazón del hombre, suele obviar a Dios en la ecuación de sus planes.

“¡Vamos ahora!”, es un llamado de atención severo. En 4:13-17 para quien planea sin contar con Dios, y aquí, para quienes han puesto en las riquezas sus esperanzas, su tesoro.

Jesús nos advierte sobre este tema de las riquezas en Mateo 6:19-21 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”

 Depender de Él, no de riquezas.

¿Dónde está tu corazón? ¿Qué tesoro ocupa tus afanes? ¿Está el horizonte de tu esperanza en las riquezas? ¿Cuánta esperanza tienes en la escasez? ¿Cuánta en la abundancia?”

 365 Reflexiones…329

Noviembre 25

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