“Santiago 5:10-11 “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”

 Santiago 5:7-11 es un mismo consejo girando sobre el eje de la paciencia: seamos pacientes en medio de la aflicción, aferrada nuestra esperanza a la certeza de Su misericordia.

La impaciencia revela los dioses que mueven la fibra del corazón en la cotidianidad. La profundidad de la fe se manifiesta transversalmente en la vida del hombre desde la simpleza de lo cotidiano a la profundidad de sus silencios reflexivos.

Hay quienes viven una fe superficial llevando un dios utilitario a flor de piel, sin raíces ancladas en el corazón. Dios no es artilugio de conveniencia. Dios es la esencia de la esperanza en todo tiempo.

Bienaventurados los que sufren en Su nombre, porque viven la esperanza que trasciende el horizonte del cuerpo, el dolor del silencio, la desesperación del abuso, la agonía de la aflicción, los embates de la arrogancia, las garras del orgullo, la violencia del ego.

Mansedumbre y humildad mostró el Cordero mientras sufrió la vejación de su martirio.

Pablo, el pequeño gran Pablo, nos recuerda en Romanos 8:28(a) “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” ¿Evidencia nuestra paciencia el entendimiento de que todo ayuda a bien? ¿Amamos a Dios?

El verso 10 alude a los profetas como ejemplo de aflicción, ¿por qué?, el verso responde, porque hablaron en nombre del Señor. No somos ni hay hoy profetas, pero, ¿Me genera mi fe aflicción? ¿Glorificamos Su nombre en medio de la gran aflicción o la prueba cotidiana?”

 365 Reflexiones…332

Noviembre 28

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