“1 Pedro 1:10-12 “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”

El privilegio de un regalo anunciado por siglos.

Pedro recuerda, y nos recuerda, la historia acumulada por siglos en el anuncio de los profetas de lo que habría de venir para el pueblo de Dios, y que tiene conclusión en el Evangelio y la persona de Jesús: el regalo de la redención por gracia.

Toda la historia registrada de Israel apunta a Cristo, autor y consumador de esta. Quien marca el antes y el después del tiempo del hombre.

Jesucristo, redentor, Mesías prometido, vino a liberar a Su pueblo, y es rechazado por la religiosidad de Su propio pueblo, aún hoy. Pero ¡escrito está! No debe extrañarnos pues, el rechazo que hoy podamos ver hacia la persona de Jesús, en una sociedad donde la religión esencial es la carnalidad mundanal, movida por el dios monosílabo más terrible de todos: yo.

Revisar Isaías 53 no deja duda alguna de quién es Jesús.

Los profetas anunciaron lo que ya es una realidad. No hay más profeta. Cristo nació, murió y resucitó para la salvación espiritual de Su pueblo, y nosotros, quienes hemos recibido esa salvación por gracia estamos llamados a repetir ese anuncio en el mensaje del Evangelio.

Portavoces de un regalo inmerecido: Cristo.

¿Lo somos?”

 365 Reflexiones…341

Diciembre 7

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