“1 Pedro 2:4-5 “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”

Nosotros: obra en construcción.

Pedro nos mueve la imagen. De ser infantes ávidos de la leche espiritual para saciar el hambre del alma, nos coloca ahora como “piedras vivas” con las que se construye la casa espiritual y sacerdocio santo, sobre la piedra viva que es Jesucristo.

En el planteamiento, Pedro nos da un mensaje y daba un mensaje al pueblo judío en cuanto a la composición de la iglesia cristiana que surgía: es una iglesia viva. No es el lugar de la pompa y la ceremonia, es la gente que la conforma. No es la grandeza y majestuosidad del templo, es la nobleza e integridad del corazón común que vive, late y gira en torno a Cristo.

Pedro nos hace un llamado a ser edificados sobre la piedra angular que más adelante habrá de describir, Cristo.

Somos piezas en construcción como parte de la gran obra de la redención.

Una piedra sola no hace iglesia.

El llamado a ser edificados, supone la regla esencial, el llamado fundamental, de ser parte de un conjunto armónico, funcional e integro, sostenido por el fundamento que es Jesús, piedra angular. Un solo cuerpo para la gloria de Su Nombre.

Cómo parte de la iglesia, ¿Somos piedras vivas? ¿Somos funcionalmente armónicos o estridentemente discrepantes? ¿Somos fuente de las diferencias, malicia, engaño, hipocresía, envidias, y detracciones, que Pedro indica y pide rechacemos en 2:1-3?

La importancia de este pasaje es fundamental pues define la función a que estamos llamados como elementos constructivos de Su iglesia.

¿Somos piedras vivas? ¿Obra en construcción?”

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Diciembre 12

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