“1 Pedro 2: 6-8

“Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

Y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”

Toda edificación requiere de una guía esencial y un fundamento que la sustente. Eso es Jesús para Su iglesia: guía esencial, fundamento que la sustenta. Esencia que explica la Palabra.

Pedro explica a Cristo desde su esencia para la iglesia, como fundamento de ella, y lo hace yendo a la fuente original conocida por los judíos. Cita a Isaías 28:16  y al Salmo 118:22, pasaje éste, usado por el mismo Cristo para definirse en Mateo 21:42 como la “piedra desechada” que vino a ser la “piedra angular” “cabeza del ángulo”.

La vida misma, no sólo la vida de fe, se nos hace castillo de naipes al viento, cuando Jesús no es el fundamento que sustenta el sistema de valores sobre el que gira nuestra propia existencia.

 El pequeño gran Pablo usa las mismas anclas que Pedro para explicar a Cristo, a nuestra vida de fe y la iglesia en Efesios 2:20-22 “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”

Ante la trascendencia fundamental de estos pasajes cabe preguntarnos: ¿Está nuestra cotidianidad edificada sobre la piedra del ángulo?”

 365 Reflexiones…348

Diciembre 14

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