“1 Pedro 2:13-16 “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”

La vigencia del consejo amerita una nueva visita para seguir dimensionando la aplicación de este consejo para el pueblo de Dios.

¿Hasta dónde someternos?

Como cristianos estamos sujetos a la obediencia del mandato de Dios y regidos por el temor de Dios para actuar con sabiduría.  El sometimiento del cristiano ante la autoridad  terrenal va en paralelo con su sometimiento ante la Ley de Dios. En el momento en que la ley, escrita o no escrita del hombre,  entra en conflicto con la autoridad de Dios en la vida del pueblo de Dios, es momento de decir “no”. Daniel ante el edicto del rey es el mejor ejemplo.

Ninguna autoridad terrenal está por encima de Dios ni tiene potestad alguna para doblegar la los principios que nos toca velar ante Dios. Es responsabilidad del pueblo de Dios actuar coherentemente con sus principios.

Las prácticas erradas que el “status quo” define como estándar “tolerable” no pueden ser asumidas como aceptables por el pueblo de Dios.

¿Evasión fiscal? ¿Pago de sobornos? ¿Compra y venta de favores ilegales? ¿Ideología de género? ¿Aborto? ¿Matrimonio homosexual?

Que la corrupción entronizada en los tuétanos de nuestros gobiernos y sociedades, no sea elemento tolerable en nuestra vida.

La corrupción moral y económica nos separa de Dios.

Estamos llamados a ser voz para la palabra ya revelada. ¿Lo estamos siendo?”

365 Reflexiones…352

Diciembre 18

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