“1 Pedro 2:17 “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”

Cuatro puntos esenciales para la vida de fe.

“Amad a los hermanos”, desarrollar la incondicionalidad del amor de Cristo es el mayor reto, imposible, para el corazón de la fe, pues esa incondicionalidad es la base que sustenta toda la obra de redención.

A Dios las gracias que Su amor cubrió nuestra incapacidad. A pesar de nosotros, Jesús fue por amor  a la gloriosa cruz del Calvario.

¿Amamos incondicionalmente a los hermanos?

El pequeño gran Pablo nos da los parámetros del amor verdadero en 1 Corintios 13: 1-7 “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”

Queda claro, ante lo planteado por Pablo que pudiéramos cubrir todo lo que el buen obrar supone. Pero el problema es que desde la vanidad del corazón, pretendemos traducir que amor es el buen obrar.

En el amor no caben: maldad, envidias, jactancias, vanidad, lo indebido, egoísmo, ira, rencor, injusticia.

Amor incondicional: reto de fe, tarea pendiente”

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Diciembre 21

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