“1 Pedro 2:17 “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”

Cuatro puntos esenciales para la vida de fe.

“Temed a Dios”, la falta de temor de Dios es consecuencia del corto horizonte existencial que dicta el corazón caído, donde todo se limita al gozo en las fronteras limitadas del cuerpo. La falta de temor de Dios es consecuencia natural de la ignorancia en cuanto a la dimensión de Su amor en la obra redentora dada en la gloriosa cruz del Calvario.

Quien no teme a Dios se da el lujo, por falta de conocimiento, de transgredir, cotidianamente, sus principios sin remordimiento alguno. Allí hemos estado todos o ¿Lo hemos olvidado?

Paradójicamente para quienes hemos creído en Jesús, es en conocer la dimensión de Su amor donde llegamos a conocer el temor de Dios. ¿Cómo no temer a quien se entregó a sí mismo por amor de nosotros?

Quien entiende la dimensión de Su obra en la cruz no tiene más opción que el sobrecogedor sentimiento de temor reverente, que le lleva a la obediencia cotidiana viviendo en Su sabiduría.

La sabiduría de una vida está sujeta a cuanto de obediencia a sus mandatos mueve su andar.

El salmista nos dejó el planteamiento en el Salmo 111:10 “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; Su loor permanece para siempre”

El temor en la transgresión es buen indicio de la sabiduría que ha permeado al corazón.

Sólo cuando conocemos el temor de Dios puede haber arrepentimiento, aunque su olvido cotidiano sea parte del malfuncionamiento del corazón, halando para su bando.

La obediencia de corazón, a sus principios, evidencia la sabiduría que el temor de Dios infunde en el corazón caído.

Temor de Dios, ¿Tenemos?”

365 Reflexiones…356

Diciembre 22

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