“Isaías 7:13-14 “Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”

Emanuel: Dios con nosotros. Advertencia de que vendría en forma humana a atender la rebeldía de Su pueblo.

Isaías 9:6 “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”

Regaló la esperanza de liberación en la profecía del Mesías que vendría en forma de hombre, con atributos que sólo a Él corresponden.

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

El mayor regalo de amor: Dar a su Hijo unigénito. Realización de la promesa del Mesías, profetizado por Isaías, que vino a librar al hombre de la perdición en la vida eterna por medio de la fe en Su obra, consumada con su último aliento de vida en la gloriosa cruz del Calvario.

Dio al Hijo unigénito para ser molido en la cruz y vencer allí, en su dolor y sacrificio, al pecado que condena al mundo.

El propósito de la navidad fue la cruz gloriosa del Calvario, por ello la celebración que vivamos debe recordar la muerte y resurrección de Jesús.

Desvirtuamos el propósito de la navidad: Sustituimos las marcas dejadas por los jirones de su piel rasgada, por las marcas comerciales que ensanchan el vacío existencial que sólo Él puede llenar.

Jesús, vida y obra, esencia de la navidad.

¿Lo recordaste?”

 365 Reflexiones…359

Diciembre 25

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