“1 Pedro 3:1-2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”

La gran responsabilidad de la mujer, creyente y no creyente: su influencia en el hombre.

Obviemos las razones teológicas por un segundo y preguntémonos ¿Quién es la persona de mayor influencia en la formación del corazón caído? Sin dudas,  la mujer.

La mujer, en su rol de madre, esposa, amiga y referente elemental de feminidad. Su influencia en el bien y en el mal que aquejan los tiempos es extraordinaria.

La mujer creyente debe asumir la sujeción como elemento esencial para moldear el carácter propio y del marido. Rebelión engendra rebelión. Independencia genera independencia.

Castidad y respeto deben adornarla. Pero los tiempos, desde hace buen tiempo, vienen exigiendo lo contrario: rebelión, independencia, vulgaridad y auto denigración para complacer el corazón de los tiempos.

El bien se espanta y el pecado despierta con el error de la mujer. Analogía de la primera mordida al fruto prohibido.

Cuatro atributos y un aspecto advierte Pedro para la mujer: que sea casta, respetuosa, afable y apacible. Y por su peso, el aspecto del vestir, su atavío externo.

La moda, es aspecto urgente en tanto mucho define el estado emocional de la mujer hoy y siempre.

Mujer, ¿Eres deliberada para agradar a Dios? ¿Luces internamente el incorruptible ornato, afable y apacible que le agrada? ¿Vives sujeta a tu marido? ¿Es tu conducta casta y respetuosa? ¿Cómo vistes?”

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Diciembre 29

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