“1 Pedro 3:5-6 “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza”

Para rendirse a la obediencia y la sujeción al marido, la mujer debe primero creer las instrucciones de Dios en Su Palabra.

Si la sujeción y la obediencia  hacen ronchas en el corazón de la mujer creyente, debe revisarse en su condición espiritual. Es probable que esté dependiendo de sus propias fuerzas, opiniones y reservas, y no de Su Palabra que las instruye.

La oposición cultural al diseño divino, pone un falso velo de independencia en la mujer que la enceguece en sus roles esenciales de esposa y madre, quebrando la obediencia en el errado atavío de una falsa liberación que suele llevarla al libertinaje. Y por libertinaje no consideremos solo lo sexual, sino lo funcional y práctico en el retorcimiento, por decir, de una madre ausente, de la lucha insufrible por el dominio del hogar, de las “nanas” que crían los hijos en ausencia de ellas, por solo decir tres aspectos.

Realidad entendible es la dinámica de la “vida moderna”, donde la presión por “superarse”, lleva a la mujer a salir del hogar buscando mejoras financieras.

Superación y liberación, son diferentes.

La sobrecarga es opcional. El tema financiero hoy justifica, a veces, esas dinámicas familiares, pero sobrecarga al corazón de la mujer en sus responsabilidades fundamentales que, por diseño, lleva en el corazón: esposa y madre.

¿Manejas bien el abismo de la ausencia entre tú y tus hijos? ¿Son la “Nana” y el trabajo necesidades reales o evasiones deliberadas de responsabilidad? ¿Crees a Dios? ¿Haces bien? ¿Es tu matrimonio una competencia cotidiana?”

365 Reflexiones…364

Diciembre 30

Advertisements