“1 Pedro 3:7 “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”

La importancia monumental de la relación cotidiana en la soledad del lazo esencial del matrimonio. Pedro nos aconseja, llanamente, a ambos.

Este verso apela al hombre, en un llamado sobre la forma de tratar a su mujer, que por simple, no deja de tener implicaciones profundas, tanto cotidianas como teologales, porque responde el ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Por qué? y finalmente el ¿para qué? hacer lo que debemos hacer.

¿Qué hago?  “vivid sabiamente con ellas”. La sabiduría en la forma de vivir del hombre con su mujer se evidencia en el trato que a ella dispensa.

Pero ¿Cómo lo hago? “dando honor a la mujer como a vaso más frágil”. La honorabilidad con que  tratemos a nuestra mujer es un tema de la delicadeza deliberada con que lo hagamos. En el honor no caben grosería, maltrato o agresión verbal, física, psicológica o financiera. La fragilidad de la mujer es un punto de advertencia a la naturaleza tosca del hombre y un preludio severo al porqué debemos honrarlas.

Pero ¿Por qué debo hacerlo? ¿Por qué debo honrarla? ¡Hay quienes preguntan! Porque ellas son “coherederas de la gracia de la vida”. ¡Wao!, si este argumento no nos resulta suficiente para convencernos sobre cómo tratarlas, ¡tenemos problemas!

La profundidad teológica que el planteamiento supone y la facilidad de quebrar esa realidad en lo cotidiano, hacen del trato para ellas un tema de urgencia capital. Ellas son coherederas de la gracia, iguales ante Dios y responsabilidad nuestra como cabeza del hogar.

¿Para qué?, si me lo permites, esta respuesta amerita 300 nuevas palabras, esenciales para yo arrancar 2016…”

365 Reflexiones…365

Diciembre 31

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