“1 Pedro 3:8-9 “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”

Preludio del perdón en las virtudes cotidianas que debemos vivir, ante las promesas del dolor en las afrentas que vendrán.

Pedro hace envoltura para todo el consejo anterior donde nos viene hablando de cómo llevar las relaciones, no solo con Dios, sino con nuestro entorno, en la iglesia, en el matrimonio, en tanto cristianos.

Arguye unidad en torno a “un mismo sentir”, definido claramente en el carácter de Cristo: compasivo, amoroso, misericordioso, amigable, y en cuanto a las ofensas, entregado a recibirlas con bendiciones, sostenido en la esperanza de las promesas del Padre que superan lo pasajero del dolor en el abuso y la afrenta.

Como cristianos, ¿Cómo es nuestro carácter cotidiano? ¿Cómo nos manejamos bajo la tensión del maltrato a que el pecado ajeno nos somete? ¿Somos maledicentes?

Dos momentos extremos en la Palabra contienen la enseñanza que Pedro nos quiere dar en  estos planteamientos: Jesús perdonando ante el Padre a quienes le sometieron al escarnio en la gloriosa Cruz del Calvario (Lucas 23:34) y Esteban, que siendo lapidado, clama a los cielos por perdón para sus verdugos (Hechos 7:60)

¿Estás en una cruz traspasado por clavos ferrosos o recibiendo el dolor de las piedras en tu carne? ¿Cómo reaccionas ante la afrenta injusta, vil? ¿Te esfuerzas por acercarte al carácter de Cristo?

Padre de la gloria, ayúdanos a mostrar a Cristo en la cotidianidad de lo adverso en el maltrato recibido. Que humildad y mansedumbre, bendición y perdón sean nuestras respuestas cotidianas ante el absurdo del abuso del mal recibido o las maldiciones que nos deseen. Ayúdanos, Señor, a perdonar. Amén”

365 Meditaciones…2

Enero 2

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