“1 Pedro 3:17 “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”

No sufrir, no es el punto de la vida de fe. Hacer el bien si lo es, independientemente si nos lleva a padecer por Su causa.

La soberanía de Dios colgó a su propio Hijo, quien nunca hizo mal y nunca pecó, en el madero del oprobio para cumplir el mayor bien que la humanidad ha recibido: la esperanza de la salvación.

La mayor obra de bien se dibujó con tinta de Su sangre, con pinceladas de oprobio en el lienzo de su piel sobre el caballete de la gloriosa cruz.

Que el sufrimiento no sea argumento para dejar de hacer el bien a que estamos llamados por Su Palabra. Que la esperanza en Sus promesas sea mayor que nuestros miedos. Como nos dejó el pequeño gran Pablo en 2 Timoteo 1:7 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”

Dos miedos esenciales vivimos, en mayor o menor grado: el miedo a hablar en público y el miedo al rechazo. Ambos paralizantes al sufrirlos. ¿Está paralizado nuestro discurso cotidiano de fe? ¿Puede más el miedo que la esperanza a la hora de hacer el bien?

En el verso 14, Pedro indica: “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois” ¿Nuestra fe nos está llevando al padecimiento o estamos evitando padecer rechazo? ¿Avergüenza nuestra fe?

Padre de la  gloria. Llénanos con el espíritu de poder que quiebre nuestros miedos paralizantes, que nos impiden hacer el bien cuando sabemos que debemos hacerlo. Quiebra nuestros temores y siembra el manso valor para levantar el estandarte de tu Palabra, sin temor y sin vergüenza”

 365 Meditaciones…6

Enero 6

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