“1 Pedro 3:18-20 “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”

La unidad de la Palabra como un todo indivisible nos reta en lo cotidiano a creer lo increíble a los ojos del mundo, la ciencia y la “lógica”.

Cristo al morir, venció la muerte y el pecado por y para nosotros, y como Él, estando en Él, hemos vencido también.

Estos versos de Pedro nos llevan a momentos extraordinarios de la historia de la redención desde la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo, su descenso a los avernos proclamando Su victoria y hasta los días de Noé cuando la ira de Dios trajo el diluvio como castigo.

Y en cada momento, Cristo, quien fue, era y siempre será, presente, en espíritu, ministrando a sus elegidos.

La omnipresencia del Dios trino manifestada en todo tiempo. La misericordia de Dios entregada a nosotros en Su Hijo unigénito derramando el perdón al ritmo de Su sangre en la gloriosa cruz del Calvario. La propiciación de Cristo para recibir toda la ira de Dios por nuestros pecados pasados, presentes y futuros.

Gracias Señor por Cristo, el Unigénito tuyo que venció por mí al pecado y A la muerte. Quien era, es y ha de venir. Gracias por la revelación en tu Palabra que nos fortalece en el entendimiento de la historia de la redención de la que formamos parte como redimidos tuyos. Amén

365 Meditaciones…7

Enero 7

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