“1 Pedro 3:21-22 “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades”

De la aceptación de las verdades planteadas en estos versos, por su profundidad teológica, se sostiene todo el esquema de nuestra fe, cristiana.

Creerlos y vivirlos conscientes y obedientemente define la realidad de nuestra vida de fe.

  1. El bautismo, como paso de obediencia consciente, ante Dios es necesario. ¿Fue tu bautismo un paso consciente de obediencia? ¿Crees la instrucción de Dios sobre el bautismo?
  2. Somos y seguiremos siendo pecadores de este lado de la gloria, hasta que Cristo regrese o Dios nos llame a Su presencia. El pecado nos iguala, la intención de luchar contra Él nos diferencia. ¿Creo ser mejor que alguien por creer?
  3. La vida de fe se define en hacer realidad en lo cotidiano nuestra buena conciencia hacia Dios en lo que somos, hacemos, decimos y pensamos. ¿Vivimos intencionalmente para agradar a Dios?
  4. Jesucristo murió y resucitó. La aceptación de esta realidad abre la puerta a la salvación del alma. ¿Murió y resucitó Jesús?
  5. Jesús reina desde el trono celestial, a la diestra del Padre, y desde allí todo cuanto fue, es, acontece o habrá de ser, está sujeto a Su autoridad. ¿Reina Cristo desde el trono celestial y a Su voluntad están sujetos ángeles, autoridades y potestades?

Dimensionar y vivir la profundidad de estas realidades en la cotidianidad de lo que somos debería definir las prioridades de nuestro andar.

¿Qué indica nuestra cotidianidad en cuanto a estas verdades? ¿Creemos? ¿Aspiramos, diligentemente, buena consciencia? ¿Eres salvo? ¿Seguro?”

365 Meditaciones…9

Enero 9

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