“1 Pedro 4:3-5 “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.”

Pasado, presente y futuro de un nuevo corazón.

Al presente de un cristiano deben moverlo las promesas del juicio y veredicto futuros, haciéndole correr en sentido opuesto a las motivaciones que dominaron su pasado.

Como cristianos, ¿Se parece nuestro presente a nuestro pasado? ¿Hemos dejado nuestro pasado por las promesas del juicio y veredicto futuros? ¿Cuánto agrada nuestro presente al mundo? ¿Y a Dios cuánto agrada? ¿Cuánto de esperanza futura mueve nuestra cotidianidad presente? ¿Cuánto del pasado?

Este verso de Pedro es paralelo a los planteamientos de Pablo en 2 Corintios 5.

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10)

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

La cotidianidad de lo que somos define cuánto de renovación, en Cristo, hemos asimilado.

¿Cuán nueva es nuestra existencia? ¿Estamos en Cristo? ¿Evidenciamos que el pasado ya no nos agrada? ¿Extraña a los actores de nuestro pasado nuestro presente?

Dimensionar las implicaciones de estos pasajes es crucial para nuestra vida de fe. Entender cuán cerca o lejos estamos de nuestro pasado, en nuestro presente, es ejercicio urgente para entender si hemos sido renovados en Cristo.

¿Ha concluido nuestro tiempo pasado? ¿Somos nuevas criaturas?”

365 Meditaciones…11

Enero 11

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