“1 Pedro 4:7 “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”

Vivir para el final.

Vivir la cotidianidad pendientes del final debería llamarnos al carácter sobrio a que apela Pedro en este verso, y a la actitud oracional, sobria, en medio de la espera.

La sobriedad como característica del corazón de la fe, motivada en la realidad del final.

El final de los tiempos es tema que por la profundidad desconocida de su definición, llega a ser fuente de duda, barrera de fe y  camino de perdición para quien no lo entiende. Afrontar con sobriedad, oración y paciencia el presente nos prepara para el final.

Pedro viene detallando el carácter que debemos construir en tanto nuevas criaturas en Cristo y lo hace contrastando nuestro pasado con nuestro presente y la esperanza en el futuro.

Aquí nos trae al futuro, lo inminente del final para el cual debemos estar preparados.

¿Tenemos el final pendiente en nuestra cotidianidad? ¿Vivimos como para estar listos para el final? ¿Qué alegrías y esperanzas mueven nuestra cotidianidad? ¿Está Dios en nuestras alegrías cotidianas? ¿Cuánto se parecen nuestras alegrías y esperanzas a las del mundo?

El horizonte limitado que la carne impone, ensombrece el panorama glorioso del cielo en sus promesas y nos distrae en alegrías pasajeras que desenfocan la sobriedad con que debemos vivir el motivo esencial de nuestra fe: la honra de Dios.

“sed, pues, sobrios, y velad en oración” ¿Evidenciamos sobriedad y espera en oración, en nuestras cotidianidad?

Sobriedad, vela y oración deberían recordarnos un momento: Jesús en Getsemaní esperando el final. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41)

Padre, fíjanos en Getsemaní, orando sobriamente, velando nuestro final en ti”

365 Meditaciones…13

Enero 13

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