“1 Pedro 4:9 “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones”

 La hospitalidad en el primer siglo fue materia de vida o muerte para el insipiente pueblo cristiano. Las persecuciones hacían migrar a muchos quienes, habiendo asumido a Cristo, se convertían en enemigos del imperio y debían dejar,  huyendo, posesiones, posiciones y  tierra.

Necesitaban refugio, ayuda para vivir.

De este lado de la gloria, aquí, aún vivimos cómodamente. Demasiado cómodamente como para insensibilizarnos ante las necesidades ajenas.

No nos persiguen, aún, pero vendrá la persecución… y, mal que bien, tenemos libertad para expresar nuestras posiciones de fe. Pero ello no implica que la hospitalidad no esté vigente o que la angustia de la persecución no sea latente a nivel de presión social y emocional por las posiciones que la fe manda ante el pecado hoy rampante.

¿Cómo ejercer la hospitalidad hoy cuando no tenemos hermanos desplazados en nuestro entorno inmediato? Pudiéramos no tenerlos, pero tenemos hermanos que en lo práctico de su vida son desplazados emocionales, luchando por su fe. Tenemos hermanos en necesidades particulares a quienes podemos ministrar ejerciendo la hospitalidad. Tenemos hermanos cargados, muy cargados, con sus labores ministeriales.

Podemos ejercer la hospitalidad extendiéndonos en amor sirviendo a otros.

La hospitalidad hoy puede ser la simple invitación a tu casa para alguien cargado con la labor ministerial o  el hospedaje al hermano en labor ministerial o no, de paso.

Importante detalle señala Pedro al final del verso: “sin murmuraciones”. La entrega en el servicio a los demás a que nos conmina el verso, está sujeta al amor incondicional con que se haga.

Hebreos 13:2 “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”

Hospitalidad es disponernos en amor al servicio de otros. Seamos oasis para el cansado, quizás sea un ángel.

¿Eres hospitalario?”

365 Meditaciones…15

Enero 15

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