“1 Pedro 4:15-16 “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”

El rango de sufrimiento que no nos corresponde como cristianos, puede evidenciarse, no sólo  en el pecado de cómo actuamos cotidianamente, sino de cómo pensamos, aún defendiéndonos en la vituperación.

Pedro está haciendo un llamado específico sobre acciones específicas que como cristianos no les tocaban a los hermanos para quienes escribía en su momento de dolor, ni a nosotros hoy.

Recordemos que era el tiempo de las persecuciones, donde era: “crees, mueres”.

“Afortunadamente”, nosotros no vivimos ese tiempo, aún… Pero, ¿Estamos dispuestos?

Los planteamientos de Pedro llevan, tanto la esencia de la Ley de Moisés y como de los mandatos de Jesús en el “Sermón del Monte” donde deja establecido que la intención del corazón cuenta cuando del juicio de Dios se trata. (Véase Mateo 5:17-48)

Pedro nos está llamando a no vivir el dolor del sufrimiento, la prueba y vituperación como el corazón quisiera, sino con el valor y  la esperanza de que glorificamos Su Nombre, en medio de la prueba, cuando nuestra forma de actuar y pensar semejan la mansedumbre y humildad del carácter de Cristo; y esto viene como instrucción expresa de Cristo mismo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mateo 11:29-30

¿Estamos cargando su yugo en mansedumbre y humildad? ¿Estamos descansados en nuestra vida de fe? ¿Nos avergonzamos? ¿Glorifican a Dios mis intenciones? Pero, ¿Está nuestra fe siendo tan evidente que nos lleva a la prueba del rechazo y la vituperación?

 ¡Estamos cómodos, demasiado cómodos!”

365 Meditaciones…21

Enero 21

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