“1 Pedro 4:17-19 “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?  De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien”

Lo irremediable del juicio, comenzando por Su casa. ¡Wao, primeros en la fila!, más, el sufrimiento de los justos es pasajero comparado a lo que espera a los impíos. “¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”, pregunta Pedro.

Recordar el tiempo en que esta carta se escribe es oportuno. Es el tiempo de “crees, mueres”. Es el tiempo de las persecuciones del cristianismo incipiente. ¿Imaginas la dimensión del sufrimiento que espera al impío, si Pedro hace la pregunta retórica sobre su fin, comparándolo con la realidad que vive la iglesia en ese momento?

Sufrimiento y dificultad son rutinas necesarias, dispuestas por Dios para los corazones que viven Su salvación. Tiempos donde el sentido de necesidad del Salvador se afirma cuando el músculo de la fe se pone a prueba aferrando al corazón caído a la esperanza de saber que el dolor es pasajero, pero la salvación eterna.

Pablo es el mejor ejemplo de una vida vivida por y para esa rutina. En Hechos 14:22, acabando de ser apedreado y echado de Listra, recuerda a sus “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”

Jesús nos recuerda en Mateo 7:14 “porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”

¿Son anchos tu puerta y camino?”

365 Meditaciones…22

Enero 22

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