“1 Pedro 5:1-3 “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”

Un llamado al liderazgo de aquella iglesia, que hoy es tan vigente como en aquel tiempo.

Lección de humildad.

Pedro, verdadero Apóstol del Señor, testigo y compañero de Su viaje en esta tierra, se presenta como uno más de los ancianos. No como “cabeza”, heredero o sucesor. No como autoridad inerrante usurpando autoridad a Cristo. ¡No!, lo hace como uno más. Como pastor ejerciendo la función asignada de apacentar la grey (ver Juan 21:15-17) Sin toda la parafernalia con que la arrogancia cubrió a la iglesia en el tiempo, ocultando en oscuros y majestuosos templos que hoy perduran, la maldad de la manipulación, la ganancia deshonesta y la fuerza corruptora que obvió y obvia hoy aún el mensaje de la Palabra de Dios a conveniencia.

Varias preguntas surgen de este pasaje, a modo de “termómetro” de la gestión de la iglesia local: ¿Es el liderazgo de la iglesia ejemplo para la grey al padecer por y para Cristo? ¿Está ejerciendo su función de apacentar? ¿Es la iglesia negocio particular del liderazgo dirigido a la fuerza? ¿Se evidencia un cuidado voluntario, proactivo, diligente por parte del liderazgo para su grey? ¿Cuánta humildad, mansedumbre y cercanía evidencia el liderazgo con su grey? ¿Es Cristo y Su obra eje y fundamento de tu iglesia o uno más en el catálogo compartiendo el organigrama institucional?

La iglesia necesita revisarse.”

365 Meditaciones…24

Enero 24

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