“1 Pedro 5:4 “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”

La esperanza del pastor verdadero no está en la gloria efímera de la fama, el reconocimiento o el “poder” que pueda ejercer en su iglesia local. Está en la esperanza de que al regreso de Cristo sea hallado digno para recibir la corona incorruptible de gloria, que sólo Cristo puede otorgar.

Pedro viene hablando en este capítulo 5 de la función esencial del liderazgo de la iglesia y lo conmina en humildad plena a ejercer esa función esencial a que está llamado según la instrucción de Jesús en Juan 21:15-17: apacentar Su grey.

¿Es la iglesia local fuente de paz? ¿Ejerce el liderazgo de la iglesia su función esencial? ¿Cuánta soberbia, orgullo y fama mueve tu liderazgo? ¿Cuánto de ganancia deshonesta, señorío o poder mueve ese liderazgo? ¿Es Cristo cabeza de tu iglesia? ¿Usurpa el liderazgo Su soberanía, voluntad y preeminencia?

La cotidianidad de la iglesia como “corporación”, como unidad de gente y procesos con un propósito común, evidencia cuánto de la gloria esperada en el regreso de Cristo la mueve y la sustenta.

Cuando la iglesia está llena de “pompa y circunstancia”, de fama y exposición, de apóstoles, profetas, políglotas de extrañas lenguas que nadie entiende, de genios teológicos que olvidan la humildad, la mansedumbre y la misericordia como esencia del carácter a que están llamados para apacentar la grey de Dios, las luces de alerta en el panel de los cielos se disparan.

El corazón caído siempre tendrá una opción bajo la manga para distraer al liderazgo en la bruma de las formas y desenfocar el fondo a que está llamado: apacentar la grey.

Como ovejas, oremos para que el corazón del liderazgo honre en todo tiempo Su santo Nombre”

365 Meditaciones…26

Enero 26

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