“1 Pedro 5:5 “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes”

La gracia, como premio a la humildad.

El llamado a la humildad, sujeción a los ancianos y sumisión unos a otros que hace Pedro a los jóvenes, es un llamado también para todos.

La humildad es el ropaje del corazón comprometido con Dios.

Nótese que Pedro llama a “revestirse”, es decir, la humildad no es un don que llegará sino una actitud de corazón que hay que asumir y vestirla, de manera que lo que somos refleje esa actitud en todo tiempo.

Quien no tiene la disposición diligente y deliberada de asumir la vida en humildad, no ha aprendido la lección de Jesús que nos llama a ser mansos y humildes.

La soberbia, revelándose en un corazón cristiano, pone en duda que la gracia haya llegado a ese corazón. Pone en evidencia que el dominio de ese corazón corresponde aún a su propia imagen y no a Cristo.

Este llamado a la humildad que nos hace Pedro es de vital importancia para el desarrollo del carácter a que estamos llamados. La actitud diligente de “revestirnos” de humildad marca la diferencia entre la gracia de Dios obrando a favor de ese corazón y la oposición de Dios a ese corazón. Importante entender que  el accionar de la gracia a favor de un corazón nada tiene que ver con las “desgracias” o con los éxitos que un corazón pueda padecer o tener.

La mejor muestra de la gracia obrando en medio del dolor es Cristo venciendo en la cruz.

¿Somos diligentes en revestirnos de humildad? ¿Cuánta soberbia nos arropa?

Por amor de tu Nombre, concédenos ser diligentemente humildes Señor. Amén.”

365 Meditaciones…27

Enero 27

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