“1 Pedro 5:6-7 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”

La humillación diligente nos descarga del lastre que arrastramos, en la certeza de que Él cuida de nosotros. En la humillación por fe no cabe duda en cuanto a Su cuidado.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, Hebreos 11:1

La ansiedad, es fruto directo de la impotencia del orgullo al no poder solucionar la adversidad o prueba en que estamos, por la duda obrando en medio de éstas. Por eso Pedro llama a la humillación diligente con una acción específica “echando toda vuestra ansiedad sobre él”.

Esto sólo puede hacerlo el corazón con fe. ¿Cuánta duda sostiene nuestras ansiedades?  ¿Vivimos esa fe? ¿Lo evidenciamos en la prueba?

La ansiedad, el estrés y ¡hasta el “escuatro”!, son frutos de situaciones en que los propósitos de Dios no han sido colocados como eje central de nuestro pensar y accionar.

La humillación diligente en medio de la prueba enfoca nuestra esperanza en Su pronto auxilio.

Jesús en Mateo 11:28 nos instruye: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, y en el verso 29 nos da las claves que Pedro apela: “y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”

Remedio a la ansiedad: coloquemos nuestra esperanza en Él. Regocijemos al alma

Filipenses 4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”

Concédenos, Padre, esa fe inquebrantable. Amén”

365 Meditaciones…28

Enero 28

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