“1 Pedro 5:8-9 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”

Aterradora imagen: devorados por una fiera.

La paciencia de las fieras acechando a sus presas es espectáculo aterrador. Agazapadas en lo oculto, esperan para atacar. Capturada la presa, la sofocan y devoran, lentamente.

Así somos acechados.

Quien no está atento a las asechanzas del diablo, suma a su cotidianidad mordidas en carne propia, sin notarlo. En sus asechanzas, disfraza el pecado cotidiano y va envolviendo al corazón en un carnaval del dolor que le va distrayendo del carácter a que esta llamado, metiéndolo en el mundo de las distracciones pecaminosas, donde, mordida a mordida,  lo va engullendo hasta consumirlo.

La cotidianidad del corazón está llena de advertencias, patrones y alertas a los cuales debemos poner atención. Pedro nos exhorta en dos sentidos: a ser sobrios y a velar, estar atentos, despiertos, alertas.

La sobriedad es adorno al corazón que llega cuando diligentemente dejamos obrar al Espíritu en las evidencias cotidianas de cómo y qué somos, en cuanto hacemos. La sobriedad es parte de la templanza, virtud a que estamos llamados por medio del dominio propio en  la diligencia de obedecer la voz del Espíritu, acercándonos a la santidad.

La sobriedad nos acerca al silencio, la humildad y la mansedumbre. ¿Evidencia nuestra cotidianidad sobriedad?

Al llamarnos a “velar”, probablemente Pedro este refiriendo, no sólo a cuidarnos del maligno, sino a estar prestos a lo que Jesús advierte en Mateo 24:42 “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”  ¿Somos conscientes de esto? ¿Velamos diligentemente? ¿Ejercemos el dominio propio en vela y sobriedad?”

Continuará…

 365 Meditaciones…29

Enero 29

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