“1 Pedro 5:10-11 “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”

Pedro, Apóstol de Jesucristo, líder de la iglesia perseguida y asediada, es decir, siendo foco central de aquella persecución como líder de esa iglesia perseguida, evidencia en esta oración final la convicción de esperanza y certeza que le mueve a escribir a aquellos que están tirando la toalla al dudar de la fe, al negarla en lo cotidiano, al temer.

Pedro establece tres realidades esenciales en esta oración final:

  1. Estamos llamados a la gloria eterna en Jesucristo
  2. Estamos llamados al padecimiento por Jesucristo
  3. La obra de perfección, fortaleza y firmeza a que estamos llamados la fe, no es nuestra, es por la gracia de Dios.

Ante estos  planteamientos cabe preguntarnos:

  1. ¿Evidencia nuestra cotidianidad que vivimos como para la gloria a que estamos llamados en Jesucristo?
  2. La vida de fe que vivimos, ¿nos genera padecimientos con el mundo que vive de espaldas a Dios y que nos rodea?
  3. ¿Levantamos en todo tiempo la bandera de Cristo en el carácter con que asumimos nuestras decisiones cotidianas, fuera de la iglesia?
  4. ¿Evidencian nuestras respuestas y acciones cotidianas la humildad y mansedumbre a que estamos llamados en Cristo?
  5. ¿Descansa y depende nuestra esperanza de fe en las “buenas obras” que evidenciamos o en la gracia de Dios derramada en el perdón dado en la gloriosa cruz del Calvario, obra de Jesús solamente?
  6. ¿Es la esperanza de nuestra fe oasis al que acudimos solo en el calor de la prueba? ¿Y en la bonanza, vamos?

¡Ayúdanos Señor!

365 Meditaciones…31

Enero 31

Advertisements