“1 Pedro 5:11-14Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén

El cierre de esta Primera Carta de Pedro tiene un contenido extraordinario, en tanto nos da elementos de orden histórico y doctrinal exquisitos y puntuales. Pedro resume en tres versos la carta completa y el contexto en el cuál escribe.

Pedro escribe a la diáspora de Israel desde Babilonia, que para la historia de esta nación es lugar de triste recordación, pero para el cristiano viviendo su libertad de fe, a pesar de las persecuciones, es un acto de victoria que revela que Dios y Su iglesia prevalecerán pese a todo. En la misma Babilonia había una iglesia proclamando la verdad de Cristo.

Hay esperanza, no estamos solos en la batalla.

Recordemos que Pedro escribe a los cristianos dispersos por las persecuciones. Esos que estaban luchando por permanecer en la doctrina de la gracia por medio de la cual vinieron al conocimiento de Cristo. A esos, padeciendo las peores dificultades, esas que nosotros no hemos vivido, Pedro amonesta. Su mensaje es: “no hay excusas para abandonar el conocimiento que tienen de Cristo y la gracia verdadera en la que están por haberlo reconocido”

Pedro busca afirmarnos en la dependencia absoluta de la gracia de Dios a través de Jesucristo.

De acuerdo con nuestra cotidianidad, ¿Aplicaría la amonestación de Pedro a nosotros hoy? ¿Estamos viviendo como en la gracia verdadera de Dios?

Pedro recomienda a Silvano la entrega de la carta, quien, según los registros, es gentil, lo que pudiera representar un problema para los judíos cristianos a quienes la carta está dirigida. Por ello Pedro encarece el recibirlo al llamarlo “hermano fiel”.

El prejuicio por estatus social, aún hoy, es un tema de fe. ¿Tenemos algo de esos prejuicios?

Pedro está con Marcos, el evangelista y lo define como su hijo.

Pedro hace un llamado al amor continuo entre los hermanos de la iglesia en la forma del saludo con un beso, a la usanza de aquel tiempo entre amigos entrañables.

Y finalmente Pedro desea paz para esos perseguidos a quienes escribe, identificados en los primeros versos de la carta. Paz es el mayor privilegio que cualquiera en tal condición pudiera tener, porque nace de la esperanza en Cristo Jesús. La falta de paz en un cristiano y las desviaciones de fe en medio de las circunstancias adversas son frutos del perder las esperanzas en quien las hemos depositado originalmente: En Dios, a través de Cristo. ¿Nos falta paz? ¿Nos cabe la amonestación de Pedro? ¿Cuán fieles a Dios estamos siendo?”

365 Meditaciones…32

Febrero 1

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