“2 Pedro 1:1-2 “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” 

Y aquí inicio la revisión de 2 Pedro.

Gracias Padre por el privilegio de encontrar refugio y esperanza en tu Palabra, por la certeza de saber que tu verdad es en ella mostrada.

El saludo introductorio de Pedro es glorioso y humilde, retador, certero.

Revela que la carta va dirigida a la iglesia en general,  y su deseo da pinceladas de lo que viene en su contenido: que la gracia y la paz son multiplicadas en el conocimiento del Dios verdadero y de nuestro Señor Jesús.

Impresionante ver como éste hombre que vivió de tú a tú con Jesús, que fue testigo y protagonista de los tres años del ministerio de Jesús en la tierra, que en su historia narrada evidencia un carácter impulsivo incontrolable, a quién como apóstol de Cristo le fueron dados, junto a los demás apóstoles, atribuciones especiales, no se presenta como superior a aquellos a quienes escribe. Se introduce como siervo, describiendo su fe, aún cargada de la vivencia de primera mano con Cristo, como “igualmente preciosa” a la nuestra.

Humildad 101: Soy un siervo de Cristo y mi fe no es más preciosa que la de ustedes. ¿Pudieran los pseudo-apóstoles de hoy día entender este detalle de humildad? ¿Pudieran los lobos de la prosperidad entender esto?

Dos planteamientos monumentales hace Pedro: Jesucristo es “nuestro Dios y Salvador” y  “Gracia y paz” son multiplicadas, “en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús”

¡Jesús es nuestro Dios, Salvador y Señor! Nuestra fuente de gracia y paz.

¿Lo es?”

365 Meditaciones…33

Febrero 2

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