“2 Pedro 1: 3-7 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”

Nuestra fe, confrontada en la diligencia cotidiana de poner el consejo de Dios primero que la corrupción del mundo en nuestra cotidianidad.

Este pasaje está cargado de gran profundidad teológica en tanto nos recuerda el llamado a que nos convida la fe en y sólo por Cristo para “ser participantes de la naturaleza divina”, y a la vez nos confronta con un sentido práctico exquisito en la cotidianidad de nuestros días.

Dos elementos rescato del pasaje por ser de importancia cotidiana trascendente. El lazo entre los versos 4 y 5:habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo,” estos planteamientos que aquí hace Pedro deben confrontarnos grandemente. Primero, ¿Evidencio que he huido de la corrupción de la concupiscencia mundanal?, y segundo ¿Estamos poniendo toda diligencia en esa huida?

La concupiscencia, fuente de la corrupción del mundo como indica Pedro, es definida por la RAE, como: “El deseo desmedido de bienes terrenales y, especialmente, apetito desordenado de placeres deshonestos”. Siendo específicos: avaricia, vanidad, lujuria y un largo etcétera pecaminoso que la cotidianidad evidencia.

¿Cuán honestos son mis placeres cotidianos? ¿Cuán desmedidos mis deseos materiales?

Pero hay esperanza, y esa la vemos en la meditación 35. Mañana continuamos, Dios mediante…”

365 Meditaciones…34

Febrero 3

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