“2 Pedro 1:9-11 “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”

Infieles por naturaleza, aún redimidos, el corazón juega al olvido y a nublar la visión de cuánto hemos recibido por Su sacrificio, pero, cuando la diligencia es puesta al servicio de la esperanza, en Él, en lo cotidiano, se aclara la visión del alma afirmando nuestra  fidelidad cotidiana, sabiendo que por gracia vivimos.

El pecado es asunto de mala memoria y siempre por olvido “conveniente”.

La memoria queda ciega y la vista se acorta cuando la esperanza en la gloria de Su obra queda ausente en nuestra cotidianidad. Si no movemos la diligencia para buscar aquello que Pedro nos lista en los versos 5-7, quedamos ciegos y olvidadizos: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

En Cristo esto lo tenemos, solo resta poner la diligencia a favor de ello. Por esto Pedro nos insta a “poner toda diligencia” y a “procurar hacer firme nuestra vocación y elección”, y esto no como opción, sino como necesidad, obligación y urgencia existencial habiendo reconocido las consecuencias del pecado y la gloria de Su promesas.

¿Cuán diligentemente procuramos desarrollar en lo cotidiano Su carácter en nosotros? ¿Somos cristianos diligentes en lo cotidiano o lo circunstancial?

Ayúdanos Señor a procurar honrar tu Nombre, diligentemente, en lo cotidiano”

365 Meditaciones…37

Febrero 6

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