“2 Pedro 1:12-15 “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas”

Evidencias de un pastor comprometido con la obra del Señor: la motivación constante de la iglesia en el recordatorio diligente de las consecuencias del pecado y de la gloria de Sus promesas.

Pedro, afirmado en la gracia y sujeto en Cristo, no cede espacio para descansar el mensaje en la pura convicción del creyente. Sabe que su labor como pastor de la iglesia es el recordatorio constante para despertar en el corazón las verdades de Cristo, independientemente de la “solidez espiritual” de la iglesia local.

Recordemos que Pedro escribe ésta carta a la iglesia universal, no sólo a la iglesia perseguida como fue el caso de la primera, sino también a aquellas iglesias viviendo su fe “cómodamente”, como aletargados.

¿Vivimos una fe cómodamente aletargada? ¡Despertemos! (v.13), la comodidad es enemiga de la diligencia.

Pedro maneja, si se quiere, una duda razonable. No dudando del poder de Dios sobre el pecado, sino sabiendo las debilidades del corazón engañoso. Por ello viene apelando a “poner toda diligencia” (v.5) y a “procurar hacer firme nuestra vocación y elección” (v.10)  en el ejercicio activo de una fe que desarrolla el carácter de Cristo y el Fruto del Espíritu en lo cotidiano.

Su empeño es uno solo: “Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (v.11)

¡Ayúdanos Señor!”

365 Meditaciones…38

Febrero 7

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