“2 Pedro 1:16-18 “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo”

El conocimiento del Evangelio es poder de Dios, no “fábula artificiosa”.

Pedro inicia defensa de su autoridad como testigo presencial, apóstol, de la gloria de Cristo, y ancla su argumento en la frase con que Dios declara a Jesús en las aguas del Jordán (Mateo  3:17), y en el monte de la transfiguración (Mateo 17:5), donde Pedro junto a  Juan y Jacobo fueron testigos presenciales: “Este es mi hijo amado, en el cual tengo complacencia”

¿Imaginamos la voz de Dios diciendo esto? El convencimiento de que la Biblia es la Palabra de Dios, nos hace testigos de cada momento en ella descrito  y partícipes de su voz, pero ¡nunca nos hace apóstoles!

Pedro inicia uno de los temas claves de esta carta: las artimañas de los fabuladores para tergiversar el mensaje del Evangelio para auto proclamar sus mensajes retorcidos.

La advertencia con que inicia Pedro su argumento: “fábulas artificiosas”, es hoy tan vigente como entonces. La proliferación de tantos autoproclamados “apóstoles”, “maestros” y “profetas” es evidencia de que el corazón caído siempre volverá al origen pecaminoso de la manipulación del mensaje del Evangelio puro.

El peor enemigo del Evangelio y la iglesia hoy, se viste de apóstol, profeta y farsante de la prosperidad enarbolando la declaración que encabeza el dólar americano: “En Dios confiamos”

¿Conoces apóstoles y profetas? ¡Escucha a Pedro!”

365 Meditaciones…41

Febrero 10

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