2 Pedro 1:16-18 “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo

Tres verdades trascendentes que en lo cotidiano del vivir podemos, como cristianos y paradójicamente, perder de vista:

  • La Palabra da a conocer el poder de Jesucristo.
    • ¿Muestra mi cotidianidad ese conocimiento? ¿Vivimos como por su poder?
  • La Palabra da a conocer la verdad del regreso de nuestro Señor Jesucristo.
    • ¿Vivimos como para estar listos para ese regreso? ¿Evidencio en lo cotidiano que Jesucristo es mi Señor?
  • La Palabra da a conocer el testimonio de los testigos presenciales de la honra y gloria otorgada por Dios a Su hijo amado y Señor nuestro Jesucristo.
    • ¿Somos conscientes de la dimensión de esta realidad en cuanto a la honra y gloria que otorga Dios a Jesús?

La firmeza en Cristo, que pueda evidenciar nuestro corazón caído, está atada al conocimiento pleno de la honra y gloria que Dios le otorgó a Él y sólo a Él, por Su obra en la gloriosa cruz.

Jesucristo es el autor y consumador de nuestra fe. (Hebreos 12:1-3)

Pedro, en este pasaje, comienza a apuntalar su defensa de la fe en Jesucristo bajo estas realidades, en contraposición a los fabulas artificiosas de aquellos que, como hoy día tergiversan, las buenas nuevas del Evangelio, desenfocando la gloria de Jesús en Su obra y la promesa de Su regreso.

¡Afírmanos Señor en este conocimiento!”

365 Meditaciones…42

Febrero 11

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