“2 Pedro 1:19-21 “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”

Pedro quiere dejar establecido en este pasaje dos elementos en relación al  mensaje de la Palabra: primero, es de Dios y segundo busca revelar Su luz en la oscuridad de nuestro interior.

Hermosa analogía de Jesús con el lucero de la mañana.

Mirar el cielo en la madrugada y ver ese lucero solitario que resalta en el oscuro manto del día por nacer, es lo mismo que mirar el brillo de Cristo iluminando el carácter del cristiano desde el caído corazón.

Pedro insiste en la idea de la diligencia, de la vigilancia interior ante el mensaje de la Palabra, porque no hay otra forma en que Jesús pueda brillar en nosotros, sino exponiéndonos al mensaje y permitiendo al Evangelio tocar la fibra oscura del firmamento de nuestra iniquidad.

Jesús, en Juan 8:12, da testimonio de sí mismo, se define y nos invita: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”

En el pasaje de Mateo 5:14-16, Jesús indica qué somos “Vosotros sois la luz del mundo;” y nos instruye qué hacer y por qué hacerlo: para la gloria del Padre.

Estando en Él somos luz, y honramos al Padre, cuando compartimos Su mensaje.

¿Somos diligentemente luz? ¿Evidencia mi carácter luz de vida?”

365 Meditaciones…44

Febrero 13

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