“2 Pedro 2:1-3 “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” 

La falsa palabra, como negocio y fuente de poder, ha sido y seguirá siendo mal presente, desde los tiempos antiguos.

El corazón incauto sigue, como en la famosa fábula alemana del “Flautista de Hamelín”, el sonido seductor de las voces desviadas conduciéndoles al mismo infierno en la tergiversación de la Verdad que solamente es en Cristo.

Pedro viene advirtiendo a estar atentos, alertas y vigilantes, enfocados en el mensaje de la Palabra para entender el momento del desvío, cuando la voz que escuchamos no es la de Dios en la predicación de Su Palabra, sino la voz del farsante engulléndose a sí mismo en la falsedad de sus mentiras, en el oportunismo abusivo consumiendo esperanzas, en el retorcimiento irreverente de la Verdad de Cristo en el negocio más terrible que puede haber: el tráfico de almas al infierno.

Lo que está en juego es el alma.

La amenaza grave de los falsos maestros está en que, en la falsedad de su enseñanza, se pierden almas.

Gente que, absorbida en el falso poder de falsas promesas de prosperidad, poder, sanación, reprensión, lenguarajes y desatamientos de bendiciones irreverentes sin contar la voluntad de Dios, se hacen burla a la Presencia Divina, a Cristo y al Espíritu.

Líbranos Dios de los mercaderes de tu Palabra que trafican conscientemente, almas para el infierno”

365 Meditaciones…45

Febrero 14

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