“2 Pedro 2:1-3 “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” 

Duele del tema de estos autoproclamados, luego falsos,  profetas, apóstoles y maestros, que entre ellos hay quienes conocieron el Evangelio y lo han negado en su maldad: y aun negarán al Señor que los rescató” (v.1)

La difusa línea que delimita la verdad de las “herejías destructoras” que Pedro advierte, sólo puede verla un corazón que tenga a la Palabra por guía y sobre la Palabra mida el discurso que se le presenta como neo-profético, neo-apostólico o magistral.

¿Somos diligentes estudiando la Palabra?

Conocer la Palabra e instruirse en ella es necesidad urgente para quien ha venido a los pies del Señor. No hay forma de estar atentos, vigilantes y en conocimiento del farsante a menos que estemos atentos, vigilantes y en conocimiento del Evangelio.

Crecer en conocimiento para alcanzar la prudencia que nos permita discernir entre mensajes.

Pablo instruye a Timoteo: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4)

Las falsas doctrinas son cómodas a la carne. Rascan oídos, prometen, venden, obviando a Dios…

¿Estamos cómodos?”

365 Meditaciones…46

Febrero 15

Advertisements