“2 Pedro 2:12-13 “Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores”

Quien mal habla de lo que no entiende, el Evangelio, es presa para destrucción en su ignorancia. Las luchas por el Evangelio, para la iglesia del primer siglo, no son muy diferentes a las luchas por el Evangelio para la iglesia de hoy.

Con alta probabilidad, según estudiosos,  Pedro en estos versos esté tratando sobre “maestros” del gnosticismo que  surgía en aquel tiempo y que abogaban por la salvación por medio del conocimiento propio, negando la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús y su humanidad, al entender que es imposible la divinidad en la carne. Al parecer y por las referencias a los deleites que hace Pedro, vivían una dualidad existencial, donde rampantemente se dedicaban a los placeres carnales, pero “interiormente” cultivaban una disciplina espiritual que les “elevaba” en conocimiento y santidad.

Esa dualidad se vive hoy en la iglesia. No en una forma de gnosticismo formal, intelectual, estructurado, buscando justificarse, pero si en la forma peor de falsos maestros, profetas,  apóstoles y sacerdotes negociando salvación en la falsedad de sus esquemas y en la burla a la obra redentora de Cristo.

Pederastas de sotanas que, protegidos, ejercen la “dignidad” del sacerdocio. Fallidos mercaderes del evangelio  vendiendo prosperidad, sanaciones, amarres y desatamientos irreverentes burlando a Cristo. Políglotas de lenguas que nadie entiende entre brincos y griteríos irracionales.

Estos, diluyen la sana doctrina que glorifica a Cristo en la obediencia a sus mandatos y la dependencia de la gracia salvadora”

365 Meditaciones…49

Febrero 18

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