“2 Pedro 2:14-16 “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta”

Quizás no hable la mula, pero la desgracia espera a los modernos “Balaames”, negociando irreverentes la inconstancia de las almas.

Constancia y la firmeza de fe son amigas del silencio, de la soledad, de la humildad y la mansedumbre. El cristiano está llamado a un carácter donde la sobriedad es esencial y la oración eje de su cotidianidad.

El corazón firme depende de Dios, no de promesas de hombres, ni falso gozo.

El combustible para el fuego consumidor de los falsos profetas, maestros y apóstoles, es la inconstancia de las almas. Por eso es esencial atender al detalle que Pedro indica en cuanto a las almas inconstantes: No son inconstantes porque se dejan seducir, sino que se dejan seducir porque son inconstantes.

La inconstancia de fe mueve el andar del pecado.

El corazón redimido sustenta su firmeza de fe en el estudio de la Palabra de Dios. No hay manera de que un corazón desarrolle el discernimiento y la firmeza de fe, fuera del estudio de la Palabra.

Así como la mentira del político gana adeptos incautos, el dulce veneno de las falsas enseñanzas, obviando la voluntad de Dios, lanzadas desde los púlpitos de estos templos de maldad en que los “neo-Balaames” operan, juega con la inconstancia de las almas.

Dios habló y habla por medio de Su Palabra eterna, ¡estúdiela!”

365 Meditaciones…51

Febrero 20

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