“2 Pedro 2:17-19 “Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”

La severidad de lo que espera a quienes hacen desviar a los que habían huido del error.

El discernimiento al que estamos compelidos por la Palabra es urgente ante la seducción de la palabrería inflada y vana que mueve al corazón incauto entre el sensacionalismo de la milagrería, la codicia de la falsa prosperidad y la fragilidad en que el desconocimiento de la libertad verdadera que es en Cristo, coloca al corazón.

La capacidad de distraernos del Camino, Jesús, que tiene la maldad de estos seductores concupiscentes escudados tras la falsa fe, es tema cotidiano que debemos atender  con urgencia. La astucia con que los lobos disfrazados se manejan, apela a la capacidad individual, al poder particular, al ego irredento de “decretar”, “desatar”, “pisar” hechos, situaciones, esperanzas y sueños que sólo agradan al corazón ensimismado y en nada a la voluntad de Dios rigiendo el estatus de esos hechos, situaciones, esperanzas y sueños.

Se vale soñar, vale la esperanza y valen los anhelos. Lo que no se vale es subestimar o denegar la voluntad de Dios en el discurso cotidiano irreverente.

Sólo Dios quita y da. Nada más.

 Dios dice en Jeremías 2:13 “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”

¿Cuánto de Cristo hay en tu fe? ¿Cuánto de ti? ¿Cuentas con tu cisterna rota?”

365 Meditaciones…52

Febrero 21

Advertisements