“2 Pedro 2: 21-22 “Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”

Terrible negocio contra Dios: extraviar ovejas, o ¡dejarse extraviar!

Este cierre de Pedro para el capítulo 2, amerita más de las 300 palabras habituales.

Este capítulo 2 esté dedicado a los falsos profetas y maestros, que aplicado a nuestros días incluye a los falsos pastores, apóstoles, “Eminencias Reverendísimas” y al “Santo Padre”, para estar al día, sin temor y sin vergüenza.

El tema no es denominacional, ¡es cardíaco!

Gente que ha querido usurpar el poder de la obra y puesto de  Jesús como único con autoridad para perdonar, salvar, proveer y dirigir. Protagonista y autor del código de autoridad, conocimiento y disciplina que rige la fe en el único y sabio Dios: la Biblia

Pedro ha venido advirtiendo sobre los retorcimientos doctrinales y las consecuencias terribles  del aprovechamiento que hacían, y hacen hoy estos hombres, de la debilidad de fe y de la falta de conocimiento de los creyentes para diluir las enseñanzas de Cristo. Pero hacia el cierre, Pedro lanza uno de las advertencias más terribles para los creyentes, caídos en su descuido, en las garras de estos farsantes: “El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”

Terrible paralelo con la advertencia de Jesús en Lucas 11:24-26  “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”

Entendamos que, mientras estemos en la carne, no dejaremos de pecar por el conocimiento de Cristo. ¡Somos pecadores!, pero cuando la flagrancia de nuestro pecado doctrinal niega nuestra dependencia de Cristo para darla a palabra, promesas, prosperidades y perdones de hombres, figuras de yeso y conceptos extraños, estamos rodando cuesta abajo a los avernos.

El símil que hace con el perro comiendo su vómito y la puerca limpia revolcándose en el lodo, de aquel que da la espalda a Jesús luego de haberle conocido, es terrible.

Y surgen preguntas: ¿Me motiva mi iglesia por la predicación del Evangelio de Cristo o por las promesas de prosperidad que escucho en cada sesión? ¿Tengo comezón de oídos? ¿Cuánto del símil nos pudiera tocar en lo cotidiano? ¿Cuán en riesgo estamos hoy? ¿Vivimos una fe que en la cotidianidad niega a Jesús? O ¿Somos diligentes creyentes luchando, desde nuestra realidad caída, por agradar a Dios en las enseñanzas de Cristo y no de hombres? ¿Niego a Jesús en la autoridad que cedo a la “cabeza” de mi iglesia? ¿Ignoro a Cristo al seguir palabrería vana de hombres? ¿Creo más en las promesas de prosperidad, sanación, neo-profecías, arrebatos y lenguarajes encriptados que nadie entiende, que en la revelación dada por Dios en Su Palabra? ¿Cuán barrida y adornada está mi casa interior? ¿Mora en nosotros el Espíritu Santo o la inmundicia de los malos espíritus? ¿Soy discípulo de neo-profeta o neo-apóstol? ¿Conozco a Jesús?

La advertencia de Pedro es severa y como tal debemos abordarla. Dios nos libre”

365 Meditaciones…54

Febrero 23

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