“2 Pedro 3:1-4 “Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;”

El entendimiento se entenebrece, cuando olvidamos las palabras que nos trajeron a los pies del Señor. La mejor aliada de la fe es una buena memoria, para no olvidar esas palabras que nos trajeron a Cristo.

Pedro nos viene advirtiendo sobre las asechanzas en el discurso de los falsos profetas y maestros, que buscan distorsionar la esencia de la sana doctrina del Evangelio de Cristo, para convertir sus planteamientos en fuente de negocio, de orgullo, vanidad y perdición. ¿Somos diligentes en recordar las palabras del Señor en lo cotidiano? ¿Tenemos la buena memoria para advertir el falso mensaje y no caer enredado en este?

En esta introducción al tercer y último capítulo de su Segunda Carta, Pedro hace referencia a tres elementos urgentes en nuestros días , congestionados de cuanta influencia errada puede haber, no sólo en la iglesia sino en la secularidad cotidiana de vivir: el limpio entendimiento  de quien ha conocido a Cristo, el recuerdo continuo de las palabras Dios, en los profetas  que le precedieron  a ellos y el mandamiento de Jesús dejado para la posteridad con  SUS Apóstoles (no los de hoy, los de Cristo)

Un limpio entendimiento nos trajo a los pies del Señor: Entendimiento de que por nuestros pecados fue Su obra de perdón en la gloriosa Cruz del Calvario. ¿Vivimos con esa memoria latente? ¿Recordamos esto en lo cotidiano? ¿Diluimos esta verdad en razonamientos que conforman nuestro corazón a lo que el mundo ofrece como bueno y válido?

Seamos diligentes en recordar, siempre, a Cristo”

365 Meditaciones…55

Febrero 24

Advertisements