“2 Pedro 3:4-7 “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

Los burladores de nuestro tiempo, como en aquel en que esta carta fue escrita, atacan los elementos esenciales de la fe cristiana. Pedro, en esta porción, advierte sobre estos hombre que en su iniquidad viven por y para saciar exclusivamente las apetencias concupiscentes del cuerpo, en la negación de todo aquello que expanda el horizonte de lo que sus ojos ven o su sabiduría pueden entender.

Pedro nos advierte sobre los elementos que esta gente ataca y niega  en sus procederes y argucias, y que son la esencia de nuestra fe cristiana. Y aquí no solo están los hombres de “ciencia”, adversos a cualquier cosa que huela a Dios, sino los farsantes de la fe lucrándose de la esperanza ajena en la distorsión de Su Palabra.

La esencia misma de la cosmovisión que ha sustentado la justicia, los valores y la moral occidental es atacada, cuestionada y negada por esta gente y Pedro señala elementos centrales de esa cosmovisión en este pasaje, a saber:

  • El regreso en victoria de Cristo. Con ello, entonces, niegan la obra gloriosa original de su muerte y resurrección sobre la que se sustenta nuestra fe. ¿Lo creo?
  • La creación de los cielos y la tierra por medio de Su Palabra. Con ello niegan la existencia misma de Dios. ¿Lo creo?
  • El día de juicio final. Con ello eliminan la necesidad de arrepentimiento. ¿Lo creo?

Quien se descuida ante el bombardeo “lógico”, “científico” y “cultura”, postmodernista, termina negando a Dios en la cotidianidad aceptable con que vive.

Cabe preguntarnos ante esta situación: ¿Esperamos Su regreso de manera firme? ¿Evidencio esa espera, ciertamente, en mi proceder cotidiano? ¿Creemos que Dios creó los cielos y la tierra? ¿Lo evidencia mi cotidianidad? ¿Cuánto de juicio final define mi cotidianidad? ¿Vivimos como guardando nuestro corazón para ese juicio? ¿Cuánta “post-modernismo” irreverente evidencian mis formas y procederes de vida? ¿Cuánto de Dios hay en la ciencia en que creo?”

365 Meditaciones…57

Febrero 26

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