“2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”

La dimensión de Su paciencia es proporcional a la profundidad de Su misericordia.

Su paciencia, no es evidencia de que tarde en cumplir la promesa de Su regreso. Dios no tarda, es eternamente paciente, misericordioso, y espera el arrepentimiento de Su pueblo.

Desde la gloriosa obra en la cruz del Calvario, la misericordia paciente de Dios viene sosteniendo la promesa de Su regreso. Y cada día y cada hora, desde aquella novena hora en que el grito terrible, en forma de pregunta: “Eli, Elí ¿lama sabactani?”  (Mateo 27:46), estremeció el Gólgota, Su misericordia paciente viene obrando el arrepentimiento en miles y millones que han venido a Sus pies en el discurrir de la Era inaugurada con la encarnación de Dios en su Hijo Amado, en Belén.

Cristo marca el antes y el después del tiempo que conocemos, ¿no es eso asombrosamente maravilloso? ¿Pensar que estamos sostenidos en Aquél que dividió el tiempo que conocemos como historia?

La eternidad es el horizonte al que debemos mover nuestra esperanza diariamente, porque hacia ella nos movemos en cada segundo que  pasa. Pero es importante entender que el tipo de eternidad que nos toca lo define el arrepentimiento cierto con que vivimos.

¿Cuál eternidad estamos construyendo en nuestra cotidianidad?

Cuando Dios nos colocó en Su camino, por medio de quien nos haya presentado el Evangelio, posiblemente no entendimos la dimensión de la eternidad a la que nos estábamos abocando.

Entender la eternidad no prepara para el ataque de quienes no entienden la dimensión de la misericordia del Dios a que servimos.

Fortalece Señor, nuestro sentido de eternidad en lo cotidiano. Amén.”

365 Meditaciones…60

Febrero 29

Advertisements