“2 Pedro 3:11-13 “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”

La espera de los cielos nuevos y la tierra nueva, donde habremos de vivir la eternidad prometida, sólo tiene una forma de hacerse: andando santa y piadosamente o para efectos prácticos, simplemente rindiendo nuestra cotidianidad a los pies del Señor tal cual haremos bajo esos nuevos cielos en esa tierra nueva.

Isaías 65, es lectura necesaria a estos planteamientos de Pedro, porque en Isaías 65 está la profecía donde el Señor nos deja la idea de esos cielos nuevos y tierra nueva, para aquellos que han encontrado nueva vida en Cristo.

Isaías 65 es la explicación, profética, previa, in extenso de las dos caras de estos versos de Pedro: las advertencias de las consecuencias para el impío que ha dado la espalda a Dios  y las bendiciones al creyente fiel viviendo en postración su cotidianidad.

“Pero nosotros esperamos…” (v. 13), la capacidad de esperar paciente y fielmente es consecuencia directa de la renovación que vive el creyente cuando llega, ciertamente, a los pies del Señor. Pablo, el pequeño gran Pablo, nos describe esa condición de hermosa manera en 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

La novedad de la criatura la declara su cotidianidad. Las nuevas cosas están en el Señor, en lo cotidiano.

¿Cuán “nueva criatura” declara mi cotidianidad? ¿Evidencio una espera diligente de Su regreso?”

365 Meditaciones…62

Marzo 2

Advertisements