“2 Pedro 3:14 “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”

La intencionalidad firme y diligente de buscar la santidad, mientras esperamos.

La vida del cristiano no se mide por otra cosa que por la sumatoria de santidad en el inventario de sus cotidianidades. En tanto creyentes, no tenemos más opción que esperar correctamente Su regreso, y ese proceso de espera es igual a la sumatoria de nuestros tiempos.

Lo correcto de nuestra espera está atado a cuánto de sometimiento a la honra de Su Nombre hay en la intencionalidad diligente de procurar un carácter santo.

¿Somos diligentes por amor de Cristo y convencimiento de fe, o por patrón disciplinario buscando la estética de vivir “correctamente”?

La carga de fe en mi diligencia define lo irreprensible, las manchas y la paz con que vivimos.

Pedro es puntual, específico e innegociable cuando hace este llamado. No es sólo procurar, es hacerlo con diligencia; pero no es hacerlo para sumar puntos con lo que hacemos y de pronto “encontrar” a Dios, ¡no! , el asunto es que Él  es el ente activo, poderoso y omnisciente que nos va a buscar, por lo que debemos ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”; es importante notar el uso de la voz pasiva en esa frase: Él nos hallará.

Ni diligencia, ni intencionalidad ganan salvación porque el buen obrar no salva, la intencionalidad de  construir un carácter santo, sin mancha, irreprensible debe ser cotidianidad de quien espera en la gracia derrama en la gloriosa cruz del Calvario. La fe salva, el buen obrar no, pero estamos llamados a la construcción de un carácter sin manchas e irreprensible.

¿Cuánto de fe hay en mi diligente buen obrar?”

365 Meditaciones…63

Marzo 3

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