“ 1 Juan 1:1-5 “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”

El poder de la función del testigo.

Juan nos deja, amén del mensaje central expresamente indicado en el verso 5, un mensaje de aplicación práctica que debe llevarnos a la evaluación de nuestra vida de fe: “…lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos…”

¿Estamos siendo tan diligentes como Juan en anunciar lo que conocemos de quien llamamos Señor y Salvador?

En la medida que vamos entendiendo la fe, por medio del estudio de la Palabra, nos vamos dando cuenta de que siendo testigos de la gracia de Dios, obrando en los corazones, estamos siendo parte, junto con Juan, de una misma historia que trasciende tiempo y espacio en Jesucristo, Señor y Salvador.

Dios habla hoy por medio de Su Palabra. Sin dudas, podemos asumir la aplicación práctica de la función del testigo, tal cual Juan enfatiza, porque el mismo poder de la Palabra que él escuchó, lo encontramos en la Palabra escrita en el poderoso instrumento llamado Biblia.

Padre de la gloria, ayúdanos a desear con denuedo la función práctica de ser testigos de Cristo.”

365 Meditaciones…67

Marzo 7

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