“1 Juan 1: 5-7 “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”

El pecado nos iguala: doloroso axioma de nuestra espiritualidad cotidiana, pero, ¿Nos duele?

Juan nos trae la gran verdad de la vida de fe: la fidelidad y justicia de Dios manifestadas a través del sacrificio de Cristo para el perdón de nuestros pecados, cuando los confesamos de corazón en la genuina contrición que trae arrepentimiento y nos acerca, cada día, a Él.

La verdad se practica en la luz para evidenciar y ahuyentar las tinieblas.

La confesión de pecado, para arrepentimiento, es ejercicio que, o lo asumimos como parte de nuestra rutina cotidiana o caeremos presas, a la corta o a la larga, de las tinieblas que “queremos” evitar. Pero. ¿Queremos evitarlas? ¿Nos engañamos? ¿Mentimos? ¿Somos conscientes de nuestra condición caída? ¿Cuánto la justificamos? ¿Cuánto la combatimos ejerciendo la dependencia de Dios?

La fe, es acción diligente y constante para mostrar la luz de Dios iluminando cada detalle de oscuridad en nuestras propias vidas. Nuestra mejor comunión con Dios y los demás, se da en el reconocimiento de pecado y en nuestra dependencia de Su perdón.

¡Ayúdanos Señor!”

365 Meditaciones…69

Marzo 9

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