“1 Juan 1: 5-7 “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”

Confesión y arrepentimiento, pañete y pintura de la columna que sostiene nuestra comunión con Dios: Cristo, y nada más.

El hecho de que el pecado nos iguala y la gracia nos rescata, debe ser recordatorio continuo de nuestra propia realidad y de la dimensión de la gloriosa obra de Cristo en la Cruz.

Si no hubiese sido por Él, colgado en la cruz y levantado del sepulcro al tercer día ¿qué historia sería esta historia que el hombre ha conocido hasta hoy?

El peso del convencimiento que Juan plantea en la analogía de la luz y las tinieblas, debe alertarnos, aún en nuestra condición caída, sobre cómo manejar las tinieblas que nos rodean y las tinieblas de donde venimos.

Recordemos que el objetivo de la conversión, del nuevo nacimiento en Cristo por el mensaje del Evangelio,  es la comunión con Dios y el Hijo (v.3), por medio del mensaje y la práctica de Su verdad (v.6)

¿Estamos claros en cuanto al mensaje del Evangelio en nuestra vida? ¿Con cuánta tiniebla “jugamos” en lo cotidiano?

¡Ilumínanos Señor! “

 

365 Meditaciones…71

Marzo 11

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